SUBLIME GRACIA


LECTURA: ROMANOS 3:10-22

Vivo en Costa Rica, es un país que comúnmente está lleno de turistas entusiastas por tener la experiencia de asolearse un día en alguna de sus bellas playas, y al día siguiente caminar y estar inmerso en alguno de sus exuberantes y densos bosques tropicales.  Algunos fines de semana trato de visitar estos parques nacionales y veo turistas inexpertos que no tienen ni idea de lo que están haciendo; con sandalias, pantalones cortos, camisetas y un solo recipiente de agua, comienzan a caminar por un sendero a media mañana, sin llevar consigo a un guía; mapa, o al menos una descarga en su celular de la zona visitada; brújula; o ropa para lluvia.

En ocasiones las noticias locales narran historias de turistas que fueron rescatados de una muerte segura en alguna montaña, luego de haberse desviado de la senda trazada.  Sin importar el clima o la circunstancias los cuerpos de rescate del país siempre responden al llamado de ayuda de estas personas.

Cuando los rescatan, no les dicen a estos turistas: “Sabes, ignoraste las reglas del parque nacional, tendrás que pagar las consecuencias y precio del rescate”.  Su misión es rescatar, y buscar a toda persona que se haya perdido, lo merezca o no.

Cuando leemos la Biblia nos encontramos muy a menudo con este principio: Rescatar a pesar de la circunstancia.  El mismo apóstol Pablo nos indica que en realidad ninguno “merece” la misericordia divina, lo único que podemos hacer es pedir Su ayuda (Romanos 3:10-11; Salmo 14:1-3).

La buena noticia del evangelio es que, a pesar de nuestra condición, Dios nos está buscando y responde a todo pedido de ayuda. Se podría decir que el Señor siempre se ocupa de la tarea de rescate, sin cobrar nada a cambio.

  1. Las buenas noticias del evangelio son que, a pesar de nuestra condición, Dios sigue buscando y respondiendo a todo pedido de ayuda.
  • Jesús está listo para ir a rescatarte, tu tan sólo tienes que admitir que necesitas de su ayuda y arrepentirte por haber tomado el camino equivocado.

“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:5-6)

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