GRACIAS SEÑOR POR LOS PLATOS SUCIOS


LECTURA: EFESIOS 2:8-10

No se puede ser salvo por medio de las obras.  Tal como lo dice Efesios 2:8-9 “Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios.  No es por obras, para que nadie se gloríe.”

Sin embargo, el capítulo continúa de la siguiente forma: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efe.2:10).  De una forma similar en otro contexto Santiago 2:14-20, nos habla de la importancia y el lugar que tienen las obras, lo ejemplifica diciendo que la fe sola no puede alimentar a un hambriento, sólo la fe activa lo podrá lograr, haciendo esas obras que Dios preparó de antemano.

¡Cuán oportuno es este pasaje!  Hoy vivimos en un mundo que está sufriendo dolor de estómago por no tener que comer, mientras que a incontables personas les duele el estómago pero por haber comido en exceso.  Debemos ser honestos, a menudo nos quejamos tan sólo por el hecho de que la comida está fría, o un poco dura, o demasiado dulce, o demasiado salada. La poetisa Pauline Davis lo transfirió con su tinta de la siguiente manera:

Gracias Señor por los platos sucios, pues mucho dicen

mientras otros tienen hambre, nosotros comemos bien,

teniendo hogar, salud y felicidad, no me debería quejar

todo eso es evidencia de Dios, de su infinita bondad

Debemos ser agradecidos, ya que la gratitud es vital para una fe que obra. Los creyentes que están profundamente agradecidos con las bendiciones de Dios, anhelan compartirlas con los demás.

Nuestra fe no debería ser estéril, vacía, e inútil. No deberíamos ignorar las necesidades físicas y espirituales de aquellos quienes están ahí justo a nuestro lado, no tenemos que buscar mucho.

  1. Una fe viva, siempre producirá algo que hacer por otros.
  2. Da gracias a Dios aun por lo que das como un hecho.

“Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios.  No es por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)

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