CORRIENDO CON UN PROPÓSITO


Lectura: Hebreos 12:1-11

Cuando un corredor se enfrenta a una competencia siempre tiene aspiraciones en su mente, para algunos hacer ejercicio, para otros llegar en determinado tiempo a la meta, y para algunos pocos de alto nivel su meta será ganar la carrera; no obstante, todos en su corazón guardan la idea primaria de al menos terminar la carrera.

El capítulo 12 de Hebreos nos habla de un tipo de carrera, que en cierta forma es similar a las competencias físicas y cuya meta también es muy similar, terminar la carrera en buena forma.  Algo interesante de este pasaje es que en ninguna parte se menciona la palabra victoria, el autor más bien se enfoca en la resistencia y la disciplina.  Sin esas cualidades no se puede soportar la carrera.  Por supuesto es agradable ganar una carrera, pero el tan sólo hecho de correrla, a menudo implica un proceso de desgaste y dolor que probará el entrenamiento realizado para alcanzar los objetivos.

Para correr la carrera de la fe nos tenemos que despojar del peso innecesario (hábitos que no aportan nada) y del pecado que no nos permite dar nuestro mejor esfuerzo, es por ello que como ya hemos indicado es necesaria: la disciplina.  Por supuesto, aceptar el dolor que produce resistencia, dará como resultado el gozo que nos espera al terminar la carrera que tenemos por delante.

Esto es aplicable también a los adictos en recuperación que toman cada día como una nueva carrera a la que tienen que enfrentarse, los que decidieron seguir este camino, empiezan su carrera cuando aceptan a Jesús como Señor y Salvador.  Antes disfrutaban una vida de placer temporal, con un precio que pagar en el más allá.  Ahora están pagando el costo de una vida disciplinada y de resistencia en este mundo, con la esperanza de una vida eterna con Dios (Hebreos 12:11)

Sin duda la carrera de la fe es única, no estamos compitiendo contra otros, sino contra nosotros mismos, con el fin de vencer el pecado y el ego con la ayuda del Señor.

  1. El saber que estamos ganando y no pecando, hará que la disciplina y el esfuerzo valgan la pena.
  2. Sin dolor, no hay ganancia. Si soportas con valentía las pruebas de la vida, sabiendo que el Señor está a tu lado, serás un verdadero vencedor.

“Al momento, ninguna disciplina parece ser causa de gozo sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados”  Hebreos 12:11.

www.midevocional.org

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