COMO CAÍDO DEL CIELO


LECTURA: MATEO 6:5-13

Se cuenta una historia de un hombre que tenía un gatito, el cual subió a un árbol y como siempre luego no podía bajar.  En un esfuerzo por bajarlo, el hombre ató una cuerda a unas ramas cercanas al gatito y la amaró al parachoques de su auto.  Muy lentamente empezó a tirar de la rama, y poco a poco la rama fue cediendo, hasta que estuvo a una altura que le permitía alcanzar al pequeño animal. El hombre puso el freno de mano de su auto, salió y se dispuso a bajar a su gatito, pero justo antes de llegar al animal, la cuerda se rompió y el atemorizado gatito, salió volando por los aires, sin que nadie lo pudiera alcanzar.

Al día siguiente, el hombre se encontró con una vecina, la cual le dijo: “No vas a creer lo que pasó ayer, mi pequeña, nos había estado pidiendo desde hace días un gato como mascota, pero le dije que sólo tendría un gatito si Dios se lo daba.  Así que empezó a orar por bastantes días a Dios pidiéndole el gato y ayer precisamente estaba orando de nuevo en el patio de atrás de la casa, y al terminar de decir “Amen”, de repente cayó un gato del cielo directamente a sus manos”.

Sea cierta o no la historia, ilustra el hecho básico de la importancia de saber qué pedir cuando oramos. Jesús le enseñó a sus discípulos a decir: “danos”, “perdónanos”, “líbranos” (Mateo 6:11-13). Sin embargo, existe una simple condición al orar y es la motivación por la cual oramos. Santiago es muy claro al respecto: “Piden y no reciben; porque piden mal, para gastarlo en sus placeres” (Sant.4:3).  Dios desea que nuestras oraciones tengan la motivación correcta: agradar a Dios y lograr sus propósitos en la tierra (Mateo 6:9,10,13).

  1. Si realmente queremos que nuestras oraciones sean agradables ante Dios, debemos aprender primero de Él en Su Palabra, entonces y solamente entonces, nuestras oraciones glorificarán a Dios.
  2. Orar es hablar con Dios, pero no tendrás mucho de qué hablar con Él a menos que lo conozcas.

“Piden y no reciben; porque piden mal, para gastarlo en sus placeres” (Sant.4:3)

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