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LA BENDICIÓN DIVINA DEL QUEBRANTAMIENTO


«En aquellos días sucedió que, crecido ya Moisés, salió a visitar a sus hermanos. Los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de sus hermanos hebreos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió, vio a dos hebreos que reñían, y preguntó al que maltrataba al otro:

—¿Por qué golpeas a tu prójimo?

Él respondió:

—¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?

Entonces Moisés tuvo miedo, y pensó: «Ciertamente esto ha sido descubierto.»

Cuando el faraón oyó acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de la presencia del faraón y habitó en la tierra de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.»

Éxodo 2:11-15

El Señor tenía un gran llamado para Moisés:  liberar a más de dos millones de israelitas de la esclavitud egipcia. Y el futuro libertador parecía calificado para la tarea. Como nieto adoptivo de Faraón, tuvo acceso a los privilegios, el poder y la educación de la realeza.

Pero Moisés también tenía un espíritu independiente que podía interponerse en el camino de su obediencia al Señor. El plan de Dios requería un espíritu quebrantado que lo obedeciera y se apoyara en su divino poder.

Un gran error —asesinar a un egipcio por haber golpeado a un esclavo hebreo fue la oportunidad que tuvo Moisés para aprender esta lección (Ex 2.11, 12). Al darse cuenta de que hubo testigos del asesinato, huyó al desierto para escapar de la ira de Faraón. Fue allí donde Moisés tuvo que rendirse.

Al igual que Moisés, todos nacemos con una tendencia al individualismo y la terquedad, y queremos que las cosas se hagan a nuestra manera. Pero Dios nos da oportunidades para traer cada aspecto de nuestra vida a Él en sumisión.

Aunque a pocos se les dará una tarea de la magnitud de la de Moisés, el Padre celestial tiene un llamado en mente para cada creyente. Sin importar si su plan sea que criemos una familia piadosa, nos acerquemos a un vecino o manejemos un negocio con integridad y consideración, quiere que lo hagamos en su poder. Para prepararnos para este trabajo, a veces usa el quebrantamiento. Ese no sería nuestro método preferido, pero Dios sabe que las dificultades son necesarias para que cambiemos.

¿Deseas lograr lo que Dios ha planeado para ti? Pídele, con humildad, que traiga a tu vida cualquier quebrantamiento que Él considere necesario.

Mi devocional

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