¡EL ORGULLO HA DOMINADO MI VOLUNTAD!


LECTURA: SALMOS 43:1-5

“Amado Señor, las cosas se ven muy oscuras para mí ahora mismo. Tú eres la Luz, por lo que te pido me des la luz suficiente para asegurarme de que el próximo paso sea el correcto. No tengo que conocer todo tu plan para mi vida, sólo muéstrame qué hacer ahora.

Confieso que no he orado así antes. Sabes cuánto me ha gustado tomar mis propias decisiones y tratar de ser mi propia luz. El orgullo ha dominado mi voluntad. Oh Dios, por favor perdóname y olvida ese pecado. De ahora en adelante, quiero que Tú gobiernes mi voluntad.”

Quizás esta oración suena muy contemporánea y más aún en los tiempos de pandemia por los que estamos pasando, ¿verdad?  Tal vez se parezca a alguna oración que has hecho o necesites hacer.

En realidad, esa oración fue escrita hace unos 185 años por John Henry Newman (1801 – 1890), un joven predicador, que estaba a punto de tomar una decisión que cambiaría su vida. Sus palabras a la larga llegaron a ser la letra de un himno muy conocido en las iglesias de habla inglesa.

Una frase que sigue siendo tan actual como en aquel entonces es: “El orgullo ha dominado mi voluntad.”  Toda persona que ha vivido desde Adán y Eva, ha pasado por esa situación; de hecho, esa fue la razón detrás del primer pecado. Y a pesar de que muchos de nosotros hemos tomado la decisión de rendir nuestro corazón y nuestra vida a Cristo, a veces dejamos que el orgullo determine nuestras decisiones diarias y hasta las que tomamos cada hora.

A pesar de todo Dios nos ama, y sabe que sus hijos nunca podremos estar verdaderamente contentos hasta que estemos dispuestos a dejar que Él nos guíe. Vivimos en tiempos espiritualmente oscuros, y podemos decir al igual que el salmista: “Envía tu luz y tu verdad; estas me guiarán. Ellas me conducirán a tu monte santo y a tus moradas.” (Salmos 43:3).

  1. Quizás hayas permitido que el orgullo y tus intereses egoístas determinen las decisiones hasta este día; si es así, pídele a Dios que te dé la luz que necesitas para volver al camino de nuestro Señor.
  2. Permite que Dios guíe tu vida, no te arrepentirás.  

“Envía tu luz y tu verdad; estas me guiarán. Ellas me conducirán a tu monte santo y a tus moradas.” (Salmos 43:3)

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